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Cultura y Entretenimiento

Disney y el dilema creativo de aplicar la Inteligencia Artificial, Tron: Ares pudo ser un fracaso

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La industria del entretenimiento se encuentra en un momento de transformación profunda, y The Walt Disney Company, como uno de sus principales actores globales, está en el centro del debate sobre el uso de la Inteligencia Artificial (IA) en la creación audiovisual; la emblemática compañía, que ha protegido celosamente su propiedad intelectual durante más de un siglo, enfrenta ahora un escenario dual: innovar para mantenerse competitiva y, al mismo tiempo, proteger sus activos más valiosos en un entorno legal incierto.

El uso experimental de tecnologías de IA en proyectos como la nueva versión de Moana, donde se consideró crear un doble digital de Dwayne Johnson mediante deepfakes, es solo uno de los múltiples casos que ilustran la tensión interna dentro de Disney. A pesar de haber invertido 18 meses en el desarrollo de esta tecnología junto a la firma Metaphysic, finalmente las imágenes generadas fueron descartadas del corte final, en gran medida debido a consideraciones legales y contractuales.

Según el reportaje publicado por The Washington Post: la preocupación principal de los ejecutivos radica en la propiedad intelectual de los materiales generados por Inteligencia Artificial (IA), ya que el marco legal vigente aún no otorga certeza sobre quién posee los derechos de autor cuando una parte del contenido es creada por algoritmos.

Este punto es especialmente sensible para Disney, que ha basado su modelo de negocio en la exclusividad de sus personajes e historias, y ha demostrado estar dispuesta a litigar para protegerlos, como lo evidencia la reciente demanda contra Midjourney por el uso indebido de imágenes generadas de personajes como Darth Vader y los Minions.

Tron: Ares, la frontera entre narrativa, tecnología y reputación de marca

Uno de los casos más paradigmáticos es el de Tron: Ares, secuela de la emblemática franquicia iniciada en 1982, cuyo argumento se centra en un soldado generado por Inteligencia Artificial (IA) que cruza al mundo real: inicialmente, los ejecutivos de Disney consideraron incorporar tecnología de IA en el propio proceso de producción del filme, creando un personaje secundario, Bit, cuya voz y comportamiento serían generados en tiempo real por un modelo de lenguaje, supervisado por guionistas y actores.

No obstante, la propuesta fue desestimada internamente debido al riesgo de repercusiones negativas, en particular en medio de negociaciones contractuales con los sindicatos de actores y guionistas; según fuentes cercanas a la compañía, la posibilidad de que la opinión pública interpretara la iniciativa como un intento de reemplazar talento humano por inteligencia artificial llevó a frenar el experimento.

La sensibilidad de la situación se agrava si se considera que Disney está bajo presión para reducir costos operativos mientras enfrenta una caída en la asistencia a cines y suscripciones a su servicio de streaming.

En este contexto, el estreno de Tron: Ares, programado para octubre de 2025, se ha convertido en un punto de observación para la industria; aunque el argumento de la película aborda directamente el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) en la sociedad, la compañía ha optado por una producción convencional, evitando así provocar controversias que pudieran empañar el lanzamiento.

Equilibrio entre innovación y control: una encrucijada estratégica para Disney

La cautela de Disney frente a la Inteligencia Artificial (IA) no implica una renuncia a su implementación. Por el contrario, la compañía ha realizado inversiones estratégicas, como su participación de 1.500 millones de dólares en Epic Games, creadora de Fortnite.

El objetivo es desarrollar un universo interactivo —cuyo nombre en clave es “Bulldog”— donde los usuarios puedan convivir con personajes de Marvel, Star Wars y otras franquicias. Sin embargo, incluso estos avances han sido objeto de tensiones. Cuando se permitió a los jugadores interactuar con un bot de Darth Vader, los resultados se volvieron rápidamente virales por razones poco deseadas: los usuarios descubrieron cómo hacer que la IA profiriera obscenidades con la voz del icónico villano, un incidente resuelto en menos de una hora, pero que dejó una huella en la memoria corporativa.

Internamente, Disney ha creado comités dedicados exclusivamente a revisar el uso de Inteligencia Artificial (IA) en cada área; cualquier solicitud para integrar datos corporativos a herramientas generativas debe pasar por una aprobación previa. Aunque en los últimos meses se ha reducido el tiempo de respuesta a menos de 48 horas, el proceso refleja un sistema diseñado más para la contención que para la agilidad.

Desde el punto de vista legal, los equipos de Disney también se han reunido con autoridades de la Casa Blanca para discutir los límites del uso de materiales protegidos por derechos de autor en el entrenamiento de modelos de IA, en particular por parte de empresas como OpenAI y Google. La compañía insiste en que permitir el uso irrestricto de su propiedad intelectual pondría en riesgo su sostenibilidad a largo plazo:

“Queremos a Darth Vader solo para Disney”, afirmó el director legal Horacio Gutiérrez. “No nos interesa ceder el control de nuestros personajes y propiedad intelectual a otros a cambio de un cheque”.

Un precedente en construcción para toda la industria del entretenimiento

La posición que Disney adopte frente a la Inteligencia Artificial (IA) sentará precedentes para toda la industria audiovisual; el estudio ha sobrevivido a múltiples revoluciones tecnológicas: desde la animación computarizada con Pixar hasta la era del streaming. Pero esta nueva etapa, marcada por la capacidad de cualquier usuario para manipular imágenes, voces y secuencias completas con herramientas caseras de IA, representa una amenaza sin precedentes para el control creativo que la empresa ha mantenido durante más de 100 años.

El debate que Disney enfrenta no es solo técnico ni legal, sino también ético y estratégico: cómo mantener su liderazgo en una industria cambiante sin sacrificar los valores que la han definido como marca.

El caso de Tron: Ares ilustra la complejidad de esta transición, en la que cada decisión tecnológica puede tener consecuencias narrativas, comerciales y reputacionales.

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