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Cultura y Entretenimiento| Internacional

‘El futuro que vi’: el manga de Ryo Tatsuki que contó el sismo y tsunami de Rusia y Japón

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La madrugada del 30 de julio de 2025, un sismo de magnitud 8,8 estremeció la costa oriental de Rusia, desencadenando una serie de tsunamis que impactaron tanto al Lejano Oriente ruso como al norte de Japón; este fenómeno natural, considerado el más potente desde 1952 en la región de Kamchatka, ha reavivado un debate latente sobre la relación entre la ciencia, la percepción pública del riesgo y la influencia cultural de obras como ‘El futuro que vi’.

Según el Servicio Geofísico de la Academia Rusa de las Ciencias, el epicentro del terremoto se ubicó a 136 kilómetros al este de Petropávlovsk-Kamchatski, con una profundidad de 19 kilómetros. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) confirmó que se trata del octavo sismo más fuerte del mundo registrado desde que se tiene constancia moderna, superado recientemente solo por el devastador terremoto de Tohoku en 2011.

El evento provocó olas de entre 3 y 4 metros en las costas del sureste de Kamchatka; la localidad rusa de Severo-Kurilsk fue una de las más afectadas: más de 2,000 personas fueron evacuadas tras la llegada de cuatro olas, las cuales avanzaron hasta 200 metros tierra adentro, dañando infraestructura portuaria y dejando imágenes virales de edificios sumergidos.

En Japón, la Agencia Meteorológica confirmó un tsunami de hasta 1,3 metros que impactó el puerto de Miyagi y provocó evacuaciones preventivas en Hokkaido.

La cobertura del evento adquirió una dimensión inesperada debido a la coincidencia temporal con las advertencias expresadas en el manga ‘El futuro que vi’, obra de Ryo Tatsuki, cuyas predicciones han sido interpretadas por parte de la población como advertencias legítimas sobre desastres futuros.

‘El futuro que vi’: entre la cultura pop, la profecía y el colapso turístico

Publicado en 2021, ‘El futuro que vi’ es un manga de corte apocalíptico que, según sus seguidores, predijo el terremoto de marzo de 2011 en Japón, así como un nuevo sismo y tsunami en julio de 2025. Su autora, Ryo Tatsuki, se retrata en la obra afirmando haber visualizado estos eventos en sueños.

La obra adquirió un seguimiento de culto tras viralizarse en TikTok y otras redes, vendiendo más de 900,000 ejemplares, incluso en ediciones en chino.

A pesar de los llamados oficiales a basarse en evidencia científica, la influencia del manga ha trascendido la ficción. La Agencia Meteorológica de Japón debió emitir comunicados para desmentir que existiera capacidad técnica para predecir con exactitud la fecha de un terremoto. La División de Prevención de Desastres del Gobierno japonés advirtió que “con el conocimiento científico actual, resulta difícil predecir un terremoto indicando su fecha, hora y ubicación exacta”.

Sin embargo, el efecto del alarmismo fue palpable en el sector turístico.
Datos recientes muestran una caída del 15 % en los vuelos desde China y Hong Kong hacia Japón durante el verano, y aerolíneas reportaron reducciones de hasta el 80 % en ciertas rutas por falta de demanda.

Agencias de viaje en Hong Kong como WWPKG y CLS Holiday confirmaron una disminución de hasta el 50 % en las reservas durante las vacaciones de Semana Santa, señalando directamente la influencia de ‘El futuro que vi’.

En abril, el gobernador de Miyagi, Yoshihiro Murai, condenó el fenómeno, afirmando: “Es un problema grave cuando la difusión de rumores altamente anticientíficos en redes sociales impacta en el turismo”. El comentario refleja la tensión entre las narrativas culturales y los esfuerzos institucionales por mantener la confianza en las políticas de prevención de desastres.

A pesar de la baja percibida en ciertos mercados emisores, Japón recibió 3.497.600 turistas internacionales en marzo de 2025, una cifra que sugiere que el impacto fue sectorial y no generalizado. No obstante, el episodio expone las vulnerabilidades de la industria ante las dinámicas de desinformación viral.

Cultura del desastre: entre la narrativa y la anticipación colectiva

El caso de ‘El futuro que vi’ no es aislado dentro de la tradición cultural japonesa.
Desde novelas como El hundimiento de Japón de Sakyo Komatsu hasta mangas como Dragon Head o Aula a la deriva, la literatura y el cómic han canalizado históricamente temores colectivos ante catástrofes naturales.

Para expertos como Florentino Rodao, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, este tipo de relatos constituyen una “forma de expresar miedos y preocupaciones colectivas”.

La influencia del manga en Japón es estructural. Tras la Segunda Guerra Mundial, el cómic japonés surgió como un medio económico de entretenimiento, según el periodista y curador Oriol Estrada. Hoy, continúa siendo un pilar de la industria editorial nipona; en 2024, las ventas de manga alcanzaron los 704.300 millones de yenes (unos 5.000 millones de euros), con un crecimiento del 1,5 % anual y una cuota de mercado del 44,8 %, según el Instituto de Ciencias de la Edición de la Asociación Japonesa de Editores Nacionales.

‘El futuro que vi’ ha sido especialmente resonante en este contexto, combinando su narrativa con la memoria del trauma vivido en 2011 tras el terremoto de Tohoku y el accidente nuclear de Fukushima. La reaparición de los términos sismo, tsunami, Rusia y Japón en el discurso mediático, justo cuando la obra señalaba un evento catastrófico en julio de 2025, aumentó su circulación y consolidó su impacto transmediático.

Este fenómeno también pone de relieve la forma en que el entretenimiento, la memoria colectiva y la incertidumbre se cruzan en las industrias culturales; mientras que los datos científicos contradicen la posibilidad de predicciones exactas, la narrativa emocional de una autora se convierte en detonante de decisiones económicas, sociales y políticas.

Entre la incertidumbre geológica y la responsabilidad comunicativa

Los recientes acontecimientos en Rusia y Japón han puesto nuevamente en foco el papel de la comunicación de riesgos en sociedades altamente expuestas a desastres naturales. ‘El futuro que vi’, el sismo y el tsunami han revelado la complejidad de gestionar simultáneamente la incertidumbre geológica, el impacto cultural y el efecto económico del temor colectivo.

Para la industria del entretenimiento, esta coyuntura refuerza el potencial —y la responsabilidad— de las narrativas populares en la vida real. Las cifras de venta, la viralización en redes y la alteración de patrones turísticos evidencian que incluso una obra de ficción puede, bajo ciertas condiciones, modificar la realidad económica y social de un país.

En un escenario global donde los fenómenos naturales y las plataformas digitales convergen, la frontera entre información, interpretación y especulación se vuelve más difusa. Y es allí donde medios, instituciones y creadores tienen la oportunidad —y el deber— de incidir con responsabilidad, sin perder de vista que detrás de cada predicción cultural, como la de ‘El futuro que vi’, existen consecuencias tangibles.

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