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Internacional

Hiroshima, Rusia y el tratado nuclear: 80 años después, el fantasma atómico resurge con nuevas tensiones globales

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Al conmemorarse el 80 aniversario del bombardeo atómico de Hiroshima, la ciudad japonesa renovó su histórico llamado a la abolición de las armas nucleares, instando a la comunidad internacional a construir un consenso que priorice el diálogo por encima del conflicto. En una ceremonia que reunió a más de 55 mil personas de 120 países, el alcalde Kazumi Matsui pidió a los líderes del mundo repensar sus políticas de defensa:

“Visiten Hiroshima. Vean con sus propios ojos lo que causa una bomba atómica”, expresó durante su declaración anual por la paz.

Este gesto cobra especial relevancia en un momento de creciente tensión geopolítica, en el que Rusia, uno de los mayores poseedores de armamento nuclear, ha reafirmado su ruptura con el último tratado nuclear de alcance intermedio aún vigente. La efeméride también fue aprovechada por la organización ICAN (Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares), galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2017, para advertir que “el riesgo de uso nuclear es ahora más alto que nunca”.

El primer ministro japonés, Shigeru Ishiba, declaró que Japón, como única nación víctima de ataques nucleares en guerra, debe liderar el esfuerzo global hacia un mundo libre de armas atómicas.

Enfatizó el compromiso de su país con los principios de no producción, no posesión y no introducción de armas nucleares, rechazando cualquier posibilidad de compartir el arsenal estadounidense en su territorio.

Rusia rompe el tratado nuclear INF y reaviva temores de una nueva carrera armamentista

Un día antes del aniversario de Hiroshima, Rusia anunció formalmente que dejará de cumplir con las restricciones del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), acuerdo que prohibía desde 1987 los misiles balísticos y de crucero con alcances de entre 500 y 5.500 kilómetros.

El pacto, considerado un hito diplomático durante la Guerra Fría, fue abandonado por Estados Unidos en 2019 tras acusaciones persistentes de violaciones rusas, particularmente por el uso del misil de crucero 9M729.

En su comunicado, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso afirmó que “ya no se considera obligado” por las restricciones previas y acusó a Washington de avanzar en el despliegue de misiles en Europa y Asia.

Este movimiento fue interpretado por analistas como una respuesta directa a las crecientes tensiones con la OTAN y a recientes amenazas emitidas por el expresidente Dmitri Medvédev.

El misil balístico de alcance intermedio Oreshnik, recientemente desplegado en Bielorrusia, se mencionó de manera destacada en medios rusos por su capacidad de alcanzar bases de la OTAN en solo 15 minutos. Según el presidente Vladimir Putin, el arma ya se encuentra en servicio activo. Cabe señalar que dicho misil viola directamente los parámetros del tratado INF, lo que había sido denunciado por EE.UU. desde 2014.

Desde la retirada estadounidense del tratado en 2019, las restricciones han sido observadas unilateralmente por Moscú, aunque de forma cada vez más flexible; sin embargo, la reciente decisión de Rusia marca el colapso definitivo del acuerdo.

En paralelo, Washington ha anunciado el despliegue “episódico” de misiles de alcance intermedio en Alemania a partir de 2026, elevando el riesgo de una escalada armamentista en el continente europeo.

Un equilibrio inestable: Hiroshima como advertencia y el futuro del control nuclear

La disolución del tratado nuclear INF revive las preocupaciones de una nueva era de confrontación estratégica; mientras Rusia despliega armamento a lo largo de sus fronteras con la OTAN, Estados Unidos y sus aliados ajustan su postura defensiva en Europa y Asia.

Con el único acuerdo vigenteel Nuevo START— al borde de la expiración en 2026, y con la participación rusa suspendida desde 2023, las perspectivas de mantener mecanismos multilaterales de control se debilitan gravemente.

El aniversario del ataque a Hiroshima sirve, una vez más, como recordatorio del costo humano de la carrera armamentista. Pero en el contexto actual, marcado por conflictos como el de Ucrania y crecientes tensiones en el Indo-Pacífico, el llamado a la abolición de las armas nucleares enfrenta un panorama aún más fragmentado que hace una década.

En palabras del general retirado Phil Breedlove, excomandante del Mando Europeo de EE.UU.: “Cada vez que Occidente se plantea un cambio —como enviar nuevas armas a Ucrania—, Rusia responde con este tipo de advertencias. Es un patrón bien conocido”.

El peso simbólico de Hiroshima, combinado con la realidad estratégica del colapso del tratado nuclear, revela el complejo equilibrio entre memoria histórica y rivalidad geopolítica.

La comunidad internacional, dividida entre ideales de desarme y realidades de disuasión, enfrenta un dilema cuya resolución definirá la seguridad global en las próximas décadas.

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